La experiencia más cierta y la vida más profunda se encuentran en la literatura y, sobre todo, en su imbricación con al arte, cuando ambos se hacen contemporáneos. No es esta la conclusión de un análisis académico, sino la constatación del diálogo –no importa si textual, inventado o ambas cosas– que Enrique Vila-Matas mantiene con la artista Dominique González Foerster en Marienbad eléctrico (Seix Barral 2016). Literatura y arte contemporáneo –una relación íntima que ya estaba presente en el anterior Kassel no invita a la lógica– forman el eje de este relato, o introspección, en el que el escritor barcelonés invita a sumergirse; es decir, a “creer”, la fórmula más genuina de conocimiento.

Vila-Matas expone así que “la literatura permite pensar lo que existe, pero también lo que se anuncia y todavía no es”. Y al mismo tiempo, que “el arte es una de las formas más altas de la existencia, a condición de que el creador escape a una doble trampa: la ilusión de la obra de arte y la tentación de la máscara del artista. Ambas nos fosilizan, la primera porque hace de una pasión una prisión, y la segunda porque convierte una libertad en una profesión”.

En Marienbad eléctrico Vila-Matas teje un relato que lo es también de sí mismo: “Puede parecer paradójico, pero he buscado siempre mi originalidad de escritor en la asimilación de otras voces. Las ideas o frases adquieren otro sentido al ser glosadas, levemente retocadas, situadas en contexto insólito…”. O de la vida: “Sólo vivimos realmente a medida que leemos nuestra historia, trascendiéndola”. Para retornar a la trascendencia de la literatura: “Nos descubre a los otros y hace que nos preguntemos cómo es posible que los signos sobre una tabla de arcilla, los signos de una pluma o un lápiz puedan crear una persona (un Quijote, un Gregor Samsa, una Beatrice, un Jacob von Gunten, un Falstaff, una Ana Karenina) cuya sustancia excede en su realidad, en su longevidad personificada, la vida misma”.

Tal vez por ello el escritor singular y excepcional que es Enrique Vila– Matas se pregunta, con Walser, si, “al igual que nos ocurre con la sopa caliente, acaso escribir no consistirá en dar vueltas hasta el infinito a aquello de lo que realmente queremos hablar”. Y si por ello, “uno, cuando escribe, no hace sino postergar ese algo tan importante que quiere mostrar y acaba hablando o escribiendo sobre otra cosa, completamente accesoria”.
En definitiva, Vila-Matas invita a buscar, a interrogar, a dialogar, a escribir, a expresar. O al menos, a leer y a mirar.

VIALagar de Ideas
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